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Diarios/Series · 2022

El gaucho Martín Fierro

1

Canto I

Canto I

Apuntes a la lectura colectiva en #MFierro150
Apuntes a la lectura colectiva en #MFierro150

En el canto inaugural hay cuestiones centrales, la primera, es que nos encontramos con un personaje, Fierro, que dice cantar para encontrar consuelo a “una pena extraordinaria” y que, además, entiende a ese canto como un acto de comunicación, él canta para los demás y de ese modo nos coloca a nosotros, sus espectadores, en el lugar de confidentes; es más, el reclama nuestra atención.

Que no se trabe mi lengua
ni me falte la palabra
el cantar mi gloria labra
y poniéndome a cantar,
cantando me han de encontrar
aunque la tierra se abra.

Por otro lado, nos anticipa que la historia que tiene para contarnos es la historia de un hombre caído en desgracia, como lo expresan las dos últimas estrofas de este primer canto.

Y sepan cuantos me escuchan
de mis penas el relato
que nunca peleo ni mato
sino por necesidá;
y que a tanta alversidás
sólo me arrojó el mal trato.
Y atiendan la relación
que hace un gaucho perseguido
que fue buen padre y marido
empeñoso y diligente,
y sin embargo la gente
lo tiene por un bandido.

Por otra parte, Fierro se expresa una manera particular, lo hace en versos octosílabos:

Aquí me pongo a cantar,
al compás de la vigüela.

El verso octosilábico es característico de la payada gauchesca, muy frecuentado por los retadores contemporáneos: Dígame usted compañero, es un verso octosilábico también.

Hernández no era un gaucho, no es que Hernández payara, pero como cualquier autor de la llamada poesía gauchesca, que eran autores letrados, hace una apropiación deliberada de los modos de decir gauchescos.

Y en este sentido se apropia del verso octosilábico, pero no sólo del verso octosílabo, sino también de otra característica de la payada, algo que podemos encontrar muy bien en el primer canto: la invocación a los santos, cuando dice:

Pido a los Santos del Cielo
que ayuden mi pensamiento,
les pido en este momento
que voy a cantar mi historia
me refresquen la memoria,
y aclaren mi entendimiento.

Esto muy característico de la payada gauchesca, como lo es también el gesto de autoafirmación cuando dice:

Soy gaucho, y entiendanló
como mi lengua lo esplica,
para mí la tierra es chica
y pudiera ser mayor,
ni la víbora me pica
ni quema mi frente el Sol.
Ilustración de Albert Koper
Ilustración de Albert Koper

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Canto II

Canto II

El canto II completa el sentido del relato que hará Fierro de su vida.

Apuntes de la lectura colectiva de la obra en #MFierro150
Apuntes de la lectura colectiva de la obra en #MFierro150

No se trata de cantar, como en el caso de “la ave solitaria”, sólo para buscar consuelo, sino también de transmitir un saber. Fierro detenta una sabiduría mucho más elemental que la de cualquier hombre letrado, es la sabiduría de quien ha sufrido, porque, según leemos en uno de sus versos: “nada enseña tanto como sufrir y llorar”.

Casi la totalidad de las estrofas de este canto enfrentan el recuerdo de un pasado idílico, en el que el gaucho tenía trabajo, una pequeña hacienda y familia, con el presente de enunciación en que gasta, el pobre, la vida en huir de la autoridad, como leemos en otro de sus versos.

Yo he conocido esta tierra
en que el paisano vivía.
Y su ranchito tenía
y sus hijos y mujer…
Era una delicia el ver
cómo pasaba sus días.
Jean Léon Pallière, “Idilio criollo” (1861)
Jean Léon Pallière, “Idilio criollo” (1861)

En la ante última estrofa se anuncia el modo en que la desgracia personal de Fierro se vincula con la del resto de los paisanos. Todo empieza con la leva o reclutamiento forzado para la guerra:

Ay comienzan sus desgracias,
ay principia el pericón;
porque ya no hay salvación,
y que usté quiera o no quiera,
lo mandan a la frontera
o lo echan a un batallón.

Y en la última estrofa leemos:

Ansí empezaron mis males
lo mesmo que los de tantos,
si gustan… en otros cantos
les diré lo que he sufrido-
después que uno está… perdido
no lo salvan ni los santos.

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Canto III

Canto III

A partir de este canto, Fierro comienza a contar su propia historia.

“Sosegado vivía en mi rancho /como el pájaro en su nido; allí mis hijos queridos Iban creciendo a mi lao”
“Sosegado vivía en mi rancho /como el pájaro en su nido; allí mis hijos queridos Iban creciendo a mi lao”

El poema deja en evidencia su carácter narrativo, algo propio de la poesía gauchesca como género literario. Sin abandonar en ningún momento la versificación octosilábica, vamos a empezar a reconocer episodios o pequeñas unidades narrativas.

El primero de estos episodios es el de la leva, que sorprende a Fierro en la pulpería, mientras se divertía junto a otros gauchos en un baile y que determina el principio de su desgracia.

Cantando estaba una vez
en una gran diversión;
y aprovechó la ocasión
como quiso el Juez de Paz…
se presentó, y ahí no más
hizo una arriada en montón.
El gaucho Martín Fierro según Florencio Molina Campos
El gaucho Martín Fierro según Florencio Molina Campos

La leva, y el relato de la vida en el fortín, van a servir a Fierro para denunciar la injusticia y la arbitrariedad del Estado, pero también su ineficacia en la custodia de la frontera.

Sarmiento en su Facundo también compone un retrato sobre la figura del Juez de Paz que determina, en el poema de Hernández, la caída en desgracia del gaucho Martín Fierro.

Para terminar, podemos señalar la representación que que el autor de la obra, en este tercer canto, ofrece de dos actores históricos: uno es el inmigrante y el otro es el indio.

Sobre el inmigrante, Hernández señala su torpeza y cobardía:

Allí un gringo con un órgano
y una mona que bailaba,
haciéndonos reir estaba
cuando le tocó el arreo-¡tan grande el gringo y tan feo!
lo viera cómo lloraba.

En cuanto al indio, en la primera parte del poema, reconoce su destreza como jinete y sus cualidades para la guerra. Está representación que aquí leemos cambia en la segunda parte del poema.

Hace trotiadas tremendas
dende el fondo del desierto-
ansí llega medio muerto
de hambre, de sé y de fatiga,
pero el indio es una hormiga
que día y noche está dispierto.
Sabe manejar las bolas
como naides las maneja,
cuanto el contrario se aleja
manda una bola perdida,
y si lo alcanza, sin vida
es siguro que lo deja.

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Canto IV

Canto IV

Se profundiza en este canto el retrato desolador de la vida en el fortín donde Fierro pasa dos años. Aquí gana relieve un personaje clave de la campaña, la figura del comandante que representa, junto al Juez de Paz, el poder del Estado en aquellos confines.

“No hay plaga como un fortín, para que el hombre padezca.”
“No hay plaga como un fortín, para que el hombre padezca.”
Del sueldo nada les cuento
porque andaba disparando
nosotros de cuando en cuando
solíamos ladrar de pobres-
nunca llegaban los cobres
que se estaban aguardando.

Como parte de su vida diaria en el fortín de la frontera, la caza, el trueque y la economía monetaria son las tres alternativas que convergen en este relato y junto a las figuras del Juez de Paz, del comandante, de los inmigrantes y del indio que Fierro ya ha citado, aparece la participación de un nuevo personaje, el pulpero, que se destaca por su avaricia y complicidad con las autoridades militares.

Era un amigo del Gefe
que con un boliche estaba,
yerba y tabaco nos daba
por la pluma de avestruz,
y hasta le hacía ver la luz
al que un cuero le llevaba.
Emeric Essex Vidal, “Boleando avestruces”, ilustración de 1820
Emeric Essex Vidal, “Boleando avestruces”, ilustración de 1820

Los gauchos que prestan servicio en la frontera cobran una miseria y cuando el sueldo se reparte, allí está el pulpero habilidoso con su lista de empeñados.

Sacaron unos sus prendas
que las tenían empeñadas,
por sus deudas atrasadas
dieron otros el dinero,
al fin de fiesta el pulpero
se quedó con la mascada.

Durante la estadía en el cantón, Fierro pierde hasta sus prendas y, lo que más lamenta en el alma, pierde su caballo moro (el “Sobresaliente matucho” con el que ganó en Ayacucho más plata que agua bendita ) a manos del comandante.

Por otra parte, cuando el sargento del fortín le advierte al comandante que Fierro reclama su pago, este le indica que ya no eran tiempos de Rosas y que a nadie se le debía nada. Debemos recordar, a propósito de esto, que el propio Juan Manuel de Rosas fue, antes de convertirse en gobernador de la Provincia de Buenos Aires, comandante de campaña. En esta ocasión, para no pasar por gaucho matrero, Fierro hace silencio y aunque malicia un engaño, cuenta que se “les hacía el dormido aunque soy medio dispierto.”

Por último, el comandante, según cuenta Sarmiento en el capítulo III de Facundo, es uno de los rostros de la barbarie: “El gobierno de las ciudades es el que da título de comandante de campaña; pero como la ciudad es débil en el campo, sin influencia y sin adictos, el gobierno echa mano de los hombres que más temor le inspiran para encomendarles este empleo, a fin de tenerlos en obediencia, manera muy conocida de proceder de todos los gobiernos débiles, y que alejan el mal del momento presente para que se produzca más tarde en dimensiones colosales”.

¡Ah! pulpero habilidoso en «El boliche de virtud».
¡Ah! pulpero habilidoso en «El boliche de virtud».

5

Canto V

Canto V

Luego de dos años en el fortín, Fierro resuelve desertar. Espera entonces la ocasión para hacerlo.

“Allí tuito va al revés: los milicos son los piones, y andan por las poblaciones emprestaos pa trabajar- los rejuntan pa peliar cuando entran Indios ladrones.”
“Allí tuito va al revés: los milicos son los piones, y andan por las poblaciones emprestaos pa trabajar- los rejuntan pa peliar cuando entran Indios ladrones.”

La razón no se vincula solamente con las penosas condiciones de vida a la que es sometido ni, tampoco, con los injustos castigos que recibe, sino con la evidencia de que ese estado de cosas no tiene remedio. Ha visto, como él mismo dice, “negocios feos” y colige que “la barunda no quieren componer”. Leemos aquí uno de los versos más significativos del poema:

Yo he visto en esa milonga
muchos Gefes con estancia,
y piones en abundancia,
y majadas y rodeos;
he visto negocios feos
a pesar de mi inorancia.

El gaucho deduce que su libertad ha sido sacrificada para ser transformada en mano de obra libre y barata en las estancias que organiza el modelo agroexportador.

La gota que rebalsa el vaso es un enfrentamiento que él tiene con un inmigrante italiano que custodia una noche la entrada del fortín. El inmigrante está borracho, no lo reconoce a Fierro y le dispara.

Estaba de centinela
y por causa del peludo
verme más claro no pudo
y esa fue la culpa toda-
el bruto se asustó al ñudo
y fi al pavo de la boda.
Cuando me vido acercar:
«Quen vivore»… preguntó
«Qué vívoras» -dije yo-
«Ha-garto» -me pegó el grito:
y yo dije despacito«más lagarto serás vos».
Ay no más- ¡Cristo me valga!
Martillar el jucil siento-
me agaché, y en el momento
el bruto me largó un chumbo-
mamao, me tiró sin rumbo
que si no, no cuento el cuento.

A raíz de esto se inicia un incidente que concluye con Fierro castigado y estaqueado.

Entre cuatro bayonetas me tendieron en el suelo-, vino el Mayor medio en pedo y allí se puso a gritar «pícaro, te he de enseñar»a andar declamando sueldos».
Entre cuatro bayonetas me tendieron en el suelo-, vino el Mayor medio en pedo y allí se puso a gritar «pícaro, te he de enseñar»a andar declamando sueldos».

Este episodio con el inmigrante italiano es una nueva ocasión en la que Fierro reitera su cuestionamiento a la figura del gringo y, también, a la acción del gobierno que decide mandar gringos a la frontera, una contradicción en la medida en que no saben ensillar, ni atracar un caballo, no pueden distinguir un animal de otro, se la pasan borrachos y sufren el calor.

Estos son los gringos sobre los que Sarmiento pensaba su proyecto civilizatorio y de modernización, ¿por qué Hernández insisten en esta caracterización negativa de los inmigrantes?

6

Canto VI

Canto VI

Fierro cuando deserta — ‘reserta’- de la frontera se convierte, técnicamente, en un delincuente.

“Volvía al cabo de tres años de tanto sufrir al ñudo, resertor, pobre y desnudo- a procurar suerte nueva-y lo mesmo que el peludo enderecé pa mi cueva.”
“Volvía al cabo de tres años de tanto sufrir al ñudo, resertor, pobre y desnudo- a procurar suerte nueva-y lo mesmo que el peludo enderecé pa mi cueva.”

Nuestro personaje aguarda y espera que se produzca un malón y así lograr fugarse. Pero se le presenta en el cantón la organización de una expedición punitiva, sorpresa y a gran escala, contra los indios, con cañones, gran parte del ejército y la presencia del Ministro de guerra: “un ministro o qué sé yo-que le llamaban Don Ganza.”

Si en el canto III tenemos la oportunidad de leer la única referencia geográfica precisa en que se movía Fierro, ahora sabemos que la historia transcurre entre los años 1868 y 1874, período en que Martín José Mariano Dolores del Corazón de Jesús de Gainza fue Ministro de Guerra y Marina durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento.

Desbaratados sus planes iniciales, Fierro aprovecha otra ocasión y una noche que ve al “Gefe y al Juez de Paz” jugando y tomando juntos no espera más y se escapa.

Una noche que riunidos
estaban en la carpeta
empinando una limeta
el Gefe y el Juez de Paz-
yo no quise aguardar más,
y me hice humo en un sotreta.

Sabe, ahora sí, que tiene motivos para rehuir la justicia y que deberá pasar el resto de sus días como gaucho matrero.

Sin embargo y quizás corriendo algunos riesgos, decide regresar a su pueblo con la esperanza de volver a ver a su mujer y a sus hijos. El panorama con el que se encuentra Fierro es desolador. No hay familia, no hay hogar, no hay hacienda. Todo lo ha perdido, tal vez irremediablemente, a causa del reclutamiento forzado del que ha sido víctima.

No hallé ni rastro del rancho,
¡sólo estaba la tapera!
Por Cristo si aquello era
pa enlutar el corazón-
Yo juré en esa ocasión
ser más malo que una fiera.

Fierro, que ya se sabía perseguido, decide entonces “ser más malo que una fiera”, es le momento “Breaking Bad” en el relato y este gesto de despecho, este rencor desatado, va a explicar algunas de sus acciones inmediatas. Por otra parte, la pérdida de los hijos generará en nosotros, sus lectores-espectadores, la expectativa eventual de un reencuentro familiar.

¿Qué fue de la mujer de Fierro? Sobre esta pregunta, que pone foco en esa pobre mujer que tenuemente alcanza la categoría de personaje, construye su gran novela Gabriela Cabezón Cámara.

“China Iron” Por Jorge Ricciardulli
“China Iron” Por Jorge Ricciardulli

Dará esta autora voz a la mujer de Fierro del mismo modo en que José Hernández lo hizo con el gaucho, no solo para reponer conjeturalmente un fragmento de la historia, sino para contar la historia de una mujer que se descubre a sí misma, y con esto, a un mundo extasiado de sentidos, formas y colores.

“Los pastizales se bamboleaban con el viento cuando salimos y parecía la pampa un mar de dos colores: cuando se dejaban vencer los tallos, era blanca y destellaba como espuma; cuando volvían a su posición inicial, era verde y fulguraban los distintos tonos de los pastos, que parecían brotes tiernos aunque ya casi nada brotaba”.
“Los pastizales se bamboleaban con el viento cuando salimos y parecía la pampa un mar de dos colores: cuando se dejaban vencer los tallos, era blanca y destellaba como espuma; cuando volvían a su posición inicial, era verde y fulguraban los distintos tonos de los pastos, que parecían brotes tiernos aunque ya casi nada brotaba”.

7

Canto (VII)

Canto (VII)

El retrato que Hernández nos ofrece de Fierro en los cantos VII y VIII es el de un hombre movido por sus impulsos más elementales.

“«A los blancos hizo Dios, »a los mulatos San Pedro, »a los negros hizo el diablo »para tizón del infierno».”
“«A los blancos hizo Dios, »a los mulatos San Pedro, »a los negros hizo el diablo »para tizón del infierno».”

En el final del canto VI parecía que entrábamos en el relato de la Venganza del Héroe. Una Búsqueda Implacable de sus hijos hasta dar con ellos, sin temor a lo que pueda suceder. El Canto VII desmiente eso. Nada de venganzas justicieras. Un baile, amigos, ginebra y la alegría repentina de verse rodeado de amigos, en circunstancias en las que Fierro se siente desesperado, lo inducen a alcoholizarse y a dejarse llevar por sus pasiones.

En primer lugar, provoca y mata a un moreno luego de burlarse de su compañera, sólo porque la tranca le ha dado por pelear:

Al ver llegar la morena
que no hacía caso de naides
le dije con la mamúa:
«va… ca… yendo gente al baile».
La negra entendió la cosa
y no tardó en contestarme
mirándome como a perro:
-«más vaca será su madre».

En el duelo con el moreno Fierro se cobra su segunda muerte.

Por fin en una topada
en el cuchillo lo alcé,
y como un saco de güesos
contra un cerco lo largué.
Tiró unas cuantas patadas
y ya cantó para el carnero-
Nunca me puedo olvidar
de la agonía de aquel negro.

Finalizada la pelea, Fierro huye y los presentes no son capaces ni de darle al moreno una sepultura digna.

El recuerdo de la agonía de este negro va a perseguir a Fierro el resto de sus días y nos va a permitir a nosotros, sus lectores, recordar, por si fuera necesario, que este gaucho continúa siendo, en el fondo, un buen hombre.

En términos formales, este canto trae una novedad y una audacia. La novedad es que Hernández abandona la estrofa octosilábica de seis versos (la sextilla), característica del poema, para adoptar una estrofa de cuatro versos octosilábicos. Gracias a este cambio, Hernández dará a todo el desarrollo de la secuencia un vértigo mayor. Por otra parte, la audacia es que el autor incorpora en este canto otro canto, dentro de lo que es el canto del propio gaucho. Es decir, Hernández incorpora esa coplita fregona con que Fierro provoca al moreno en el baile:

«A los blancos hizo Dios,
»a los mulatos San Pedro,
»a los negros hizo el diablo
»para tizón del infierno».

De esta manera Hernández hace coincidir en su poema dos tiempos históricos distintos. El tiempo histórico en el que ocurre la pelea en el que Fierro canta su coplita fregona y, por otro lado, el tiempo histórico en que Fierro relata a nosotros, su audiencia, aquel episodio.

El entrevero entre Martín Fierro y el moreno según la mirada de Mario Zavattaro.
El entrevero entre Martín Fierro y el moreno según la mirada de Mario Zavattaro.

8

Canto (IX)

Canto (IX)

Lo tocó un santo bendito.
Lo tocó un santo bendito.

Las escenas más emocionantes de esta primera parte de la obra hernandiana ocurren de madrugada. Una de estas escenas es el enfrentamiento de Fierro con la partida de policía que llega para detenerlo porque debe dos muertes, vos matastes un moreno, y otro en una pulpería, y aquí está la polecía, que viene a justar tus cuentas… dice uno de los milicos de la partida.

Aquí la policía juega de visitante. A campo abierto, donde Fierro fue a refugiarse, de noche y bien preparado, nuestro héroe se imagina imbatible. Por una parte, recurre a toda su experiencia como gaucho de la pampa para adelantarse a los acontecimientos:

Me encontraba como digo,
en aquella soledá
entre tanta escuridá
echando al viento mis quejas;
cuando el ruido del chajá
me hizo parar las orejas.
Como lumbriz me pegué
al suelo para escuchar,
pronto sentí retumbar
las pisadas de los fletes,
y que eran muchos ginetes
conocí sin vasilar.

Luego se dispone para el enfrentamiento. La preparación es cinematográfica: toma un trago de ginebra para darse valor, se quita las espuelas para no pelear con grillos, es decir para no hacer ruidos y ser divisado en la oscuridad, se arremanga el calzoncillo, se ajusta la faja, prueba el filo del cuchillo en una mata de paja y se coloca espaldas con espaldas junto al caballo para no ser sorprendido por detrás.

Luego, en medio de la refriega, ocurre uno de los hechos literarios más analizados en la literatura argentina. Borges dirá que es un momento antropológico trascendental porque Hernández logra dar cuenta del “momento en que un hombre sabe para siempre quién es”.

¿Por qué decide Cruz, subvirtiendo toda norma, no sólo dejar de atacar a Fierro sino también ponerse de su lado y así salvarle la vida? El grito con el que Cruz anuncia su resolución nos anuncia que es el descubrimiento de la valentía de Fierro el que la motiva. Pero, quizás, haya visto algo más. Una clave nos la da el propio Fierro en el relato que hace de este episodio:

Tal vez en el corazón
lo tocó un Santo Bendito
a un gaucho que pegó el grito,
y dijo: -«¡Cruz no consiente»
que se cometa el delito»
de matar ansí un valiente!».
Astillas de un mismo palo.
Astillas de un mismo palo.

Es decir que Cruz, como el resto de los policías, es un gaucho. ¿Qué ha visto entonces él en el otro? Sobre esta conjetura, que excede lo que luego nos dirá en el próximo canto Hernández del propio Cruz, construye Borges su extraordinario relato Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829–1874) [1]

[1] Borges, J.L. Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829–1874) en El Aleph (1949), Buenos Aires, Alianza Editorial.

9

Canto VIII

Canto VIII

La segunda muerte que se cobra Fierro, luego de su deserción, es la de un terne (1) que hace alarde de guapo y de peliador y que, además, tiene sus enredos con el comandante, en una alusión velada a los privilegios que posee con el poder local.

“Y ya salimos trensaos porque el hombre no era lerdo- mas como el tino no pierdo, y soy medio lijerón, le dejé mostrando el sebo de un revés con el facón.”
“Y ya salimos trensaos porque el hombre no era lerdo- mas como el tino no pierdo, y soy medio lijerón, le dejé mostrando el sebo de un revés con el facón.”

Este hombre lo provoca a Fierro y se produce una esgrima verbal a partir del significado ambiguo y reversible del término cuñao:

Me alargó un medio frasco
diciendo «beba cuñao»-
«Por su hermana» contesté,
«que por la mía no hay cuidao».

Nuestro héroe resuelve el caso de una manera bastante sumaria, lo deja mostrando el sebo con su facón.

Es curiosa la reflexión que este episodio suscita en Fierro, dice:

¡Ah! ¡pobre! si él mismo creiba,
que la vida le sobraba,
ninguno diría que andaba
aguaitándolo la muerte-.
Pero ansí pasa en el mundo,
es ansí la triste vida-
pa todos está escondida,
la güena o la mala suerte.

Es, en definitiva, algo tenía que ocurrir. Se trata de un rasgo de fatalismo que está muy presente en Fierro y quizás también en la cosmovisión del paisano rural, pero que podemos entender también como un gesto de autoindulgencia. Si las cosas ocurren porque tenían que ocurrir, resulta que nuestra responsabilidad sobre los actos se halla diluida. En este mismo sentido, y después de asimilar su propia historia a la de cualquier otro gaucho, es que, dice Fierro, ser gaucho es un delito, como si a esta altura del relato, después de haber matado a dos personas (sin contar al indio que dejó muerto en un enfrentamiento que narra en el canto III) y de haber desertado del ejército, su condición de perseguido se debiera solamente a su condición social.

Quizás lo más honesto y profundo que dice Fierro en este canto VIII lo encontramos en la estrofa en la que leemos:

Monté y me encomendé a Dios
rumbiando para otro pago-
que el gaucho que llaman vago
no puede tener querencia,
y ansí de estrago en estrago
vive llorando la ausencia.

Nos da a entender que con cada situación, ante cada problema en el que se ve envuelto, lo que hace el gaucho no es otra cosa que volver a lamentarse por todo aquello que ha perdido.

“Era un terne de aquel pago que naides lo reprendía, que sus enriedos tenía con el Señor Comendante.”
“Era un terne de aquel pago que naides lo reprendía, que sus enriedos tenía con el Señor Comendante.”

(1) “Terne” es un españolismo feísimo, derivado de “terno” (joven) y que por suerte no prendió en el idioma de los argentinos.

10

Canto (X)

Canto (X)

“Amigazo, pa sufrir han nacido los varones.”
“Amigazo, pa sufrir han nacido los varones.”

Sobre el final del canto anterior, Fierro se despide de Cruz, quien le había salvado la vida. La respuesta que le da Cruz en el canto X no es, como podía esperarse, otra despedida, sino el relato de su propia historia de vida.

La voz de Cruz no tiene la misma jerarquía que la del resto de los personajes que aparecieron hasta ahora, como el Juez de Paz, el comandante, el negro o, incluso, los otros gauchos de la partida. Cruz se constituye en la voz única de todo un tramo del poema. Es la primera vez que la voz principal de un canto no la lleva el propio Fierro.

La historia de Cruz es también una historia desgraciada como la de cualquier otro gaucho y, sin embargo, expresa algunos contrastes con la historia de Fierro.

Tampoco me faltan males
y desgracias le prevengo,
también mis desdichas tengo
aunque esto poco me aflije-
yo sé hacerme el chancho rengo
cuando la cosa lo esige.

En primer lugar, encontramos muchos más detalles de su vida doméstica e incluso hallamos referencias hasta de su vida íntima. Sabemos, por ejemplo, que Cruz estaba en pareja:

Grandemente lo pasaba
con aquella prenda mía-
viviendo con alegría
como la mosca en la miel-
¡Amigo, qué tiempo aquel!
¡La pucha- que la quería!

En segundo lugar, Cruz nos explica el origen del rencor que ahora siente por su mujer, un encono que, quizás, nos recuerda al tono lastimoso de algunos famosos tangos como “Tomo y obligo”. Lo mismo que en el caso de Fierro, es la figura del comandante la que funciona como espejo invertido de la vida recta. Este lo mantiene a Cruz alejado de su casa entre mandados y menesteres hasta que una tarde el futuro sargento sigue una intuición y regresa sin previo aviso:

No me gusta que otro gallo
le cacaree a mi gallina-
yo andaba ya con la espina,
hasta que en una ocasión
lo pillé junto al jogón
abrazándome a la china.

En el interior del racho se produce una pequeña refriega. Cruz siente compasión por el viejo comandante y le perdona la vida, para no matar un viejo, con cuidao, medio de lejos un planazo le asenté. Para finalizar, el engañado recoge sus cosas y se larga del rancho:

Alcé mi poncho y mis prendas
y me largué a padecer
por culpa de una mujer
que quiso engañar a dos-
al rancho le dije adiós
para nunca más volver.

11

Canto (XI)

Canto (XI)

El primer lugar público al que se dirige Cruz cuando abandona su rancho es una milonga.

“A otros les brotan las coplas como agua de manantial: pues a mí me pasa igual aunque las mías nada valen, de la boca se me salen como ovejas del corral.”
“A otros les brotan las coplas como agua de manantial: pues a mí me pasa igual aunque las mías nada valen, de la boca se me salen como ovejas del corral.”

Ansí andaba como guacho

cuando pasa el temporal-

supe una vez pa mi mal

de una milonga que había,

y ya pa la pulpería

enderecé mi bagual.

Aquí se encuentra con un guitarrero que conoce ya su historia y que le dedica unos versitos burlones:

«Las mujeres son todas
»como las mulas-
»yo no digo que todas
»pero hay algunas
»que a las aves que vuelan
»les sacan plumas».

Cruz no soporta la burla, “yo tengo pacencia poca pa aguantar cuando no debo” dirá y, a continuación, se produce un entredicho que finaliza cuando Cruz le corta de un tajo las cuerdas al instrumento del guitarrero que se fue de boca y luego a este mismo lo dejó “con las tripas como pa que hiciera cuerdas.”

Luego del canto IX queda sugerida que la relación de Cruz con Fierro es de identificación y ahora, en el canto XI, esta relación asume un carácter inquietante, casi de carácter sobrenatural. Ocurre cuando al comienzo del canto Cruz comenta:

A otros les brotan las coplas
como agua de manantial:
pues a mí me pasa igual
aunque las mías nada valen,
de la boca se me salen
como ovejas del corral.

Se trata de unos versos que Fierro había dicho en el primer canto del poema y que Cruz no tiene por qué conocer.

12

Canto (XII)

Canto (XII)

“Todo se güelven proyectos de colonia y carriles- y tirar la plata a miles en los gringos enganchaos mientras el pobre soldao le pelan la chaucha -¡ah! ¡viles!-”
“Todo se güelven proyectos de colonia y carriles- y tirar la plata a miles en los gringos enganchaos mientras el pobre soldao le pelan la chaucha -¡ah! ¡viles!-”

Con este canto Cruz finaliza su intervención central en el poema. Un amigo lo compone con el Juez de Paz y este lo convoca, por su valentía, para ser parte del cuerpo de policía.

Y me largó una ploclama
tratándome de valiente,
que yo era un hombre decente,
y que dende aquel momento
me nombraba de sargento
pa que mandara la gente.

Se narran en este canto varios hechos que tienen una realidad histórica palpable. Cruz comenta la extensión de la frontera agropecuaria que será característica del modelo agroexportador que, en Argentina, triunfa como organización política y económica, y ya malicia Cruz que hay una distancia entre las palabras y los hechos:

Hablaban de hacerse ricos
con campos en las fronteras-
de sacarlas más afueras
donde había campos baldidos
y llevar de los partidos
gente que la defendiera.

Para 1876–1877, años contemporáneos en los que Hernández escribe la segunda parte de la obra El gaucho Martín Fierro y que publicará en 1879, desde el gobierno central se planifica la famosa “Zanja de Alsina”.

13

Canto (XIII)

Canto (XIII)

“Ya veo que somos los dos astilla del mesmo palo- yo paso por gaucho malo y usted anda del mesmo modo y yo pa acabarlo todo a los indios me resfalo.”
“Ya veo que somos los dos astilla del mesmo palo- yo paso por gaucho malo y usted anda del mesmo modo y yo pa acabarlo todo a los indios me resfalo.”

¿Cómo interpretar la decisión que toma Fierro en este canto de irse con Cruz a vivir entre los indios? ¿Existe algo más que la voluntad de sustraerse a la facultad del gobierno?

Allá habrá siguridá
ya que aquí no la tenemos,
menos males pasaremos
y ha de haber grande alegría
el día que nos delcolguemos
alguna toldería.

En este trance, para cruzar el “desierto”, Fierro enumera la sabiduría gaucha que pondrá en juego para no morir de hambre, sed o desorientados en semejante travesía. Como buen gaucho baqueano sabe que, en una jornada nublada, pa el lao en que el sol se dentra dueblan los pastos la punta; además, ha de ser gaucho el ñandú que se escape de mis bolas y, para no morir de sed, olfateará el viento para hallar un depósito de agua pues dende que no soy manco, ande hay duraznillo blanco cavo, y la saco al momento. Como ya ha presumido en el canto IX:

Aquí no valen Dotores,
sólo vale la esperencia,
aquí verían su inocencia
esos que todo lo saben-;
porque esto tiene otra llave
y el gaucho tiene su cencia.
“El amor como la guerra lo hace el criollo con canciones a más de eso en los malones podemos aviarnos de algo; en fin amigo, yo salgo de estas pelegrinaciones.”
“El amor como la guerra lo hace el criollo con canciones a más de eso en los malones podemos aviarnos de algo; en fin amigo, yo salgo de estas pelegrinaciones.”

Para finalizar, el gaucho, dice, hace el amor y la guerra con canciones, y él ha decidido abandonar estas peregrinaciones. ¿Se refiere sólo a la condición del gaucho perseguido? Inmediatamente después, una sugestiva línea de puntos marca el final del parlamento de Fierro.

Quien toma su relevo es, por primera vez en el poema, una voz que no es la de ninguno de los personajes de esta historia y por la que nos enteramos que, luego de decir sus últimas palabras, Fierro para no tentarse, en un gesto rocker: de un golpe al instrumento lo hizo astillas contra el suelo.

Es también esta voz la que nos cuenta una escena hermosa y emocionante acerca de los dos hombres que cruzan la frontera con las primeras cruces del día.

Cruz y Fierro de una estancia
una tropilla se arriaron-
por delante se la echaron
como criollos entendidos,
y pronto sin ser sentidos
por la frontera cruzaron.
Y cuando la habían pasao,
una madrugada clara
le dijo Cruz que mirara
las últimas poblaciones;
y a Fierro dos lagrimones
le rodaron por la cara.