Las memorias de Ricardo Piglia

Compro en Tandil, hace varios años atrás, el primer tomo de Los diarios de Emilio Renzi, escrito por Ricardo Piglia (Anagrama, 2015) porque al ojearlo en una librería leo en una página al azar “Clase de Pouza sobre el mito y sobre la noción de exceso en la cultura griega, la desmesura como el mal” (anotación del miércoles 01 de junio, 1960) y recuerdo que Piglia estudió Historia en la Facultad de Humanidades en la Universidad Nacional de La Plata. Narciso Pousa aún en el año 2003 enseñaba Filosofía medieval.
Compré el libro para saber si el autor, finalmente, había terminado la carrera. Calculo que Piglia se ha recibido, aunque no comenta mucho su vida académica como estudiante, más bien se concentra en narrar con un tono irónico el modo en que prepara sus clases como ayudante de cátedra en Introducción a la historia e Historia argentina II.
Este primer tomo relata los años 1957–1967 en los que Renzi, el alter ego de Piglia, se convierte en escritor. La sensación generalizada que tengo con Piglia es que antedata todos (o varios) de los hechos que cuenta sobre esta década –sobre todo en el relato de lo que se convertirá en la estafa de Plata quemada. Desde el momento en que decide colocar en Renzi la voz narrativa me permite hipotetizar que todo lo que se cuenta aquí es ficción. No me convencen sus anotaciones de una vida dura y peligrosa, pero sobre todo no me convence la historia que cuenta.
El mismo autor nos ofrece algunas claves de lectura para interpretar su vida y obra:
“El narrador debe expresar lo que todos los hombres alguna vez han sentido o sentirán. Es decir, debe ser capaz de transmitir las emociones que alguna vez hemos experimentado o imaginamos que eran nuestras.” (anotación del viernes 24 de febrero, 1967)
Precisamente la de emocionar es la capacidad que Piglia no posee como escritor, incapacidad que acerca toda su obra a meros juegos literarios, a los ‘truquitos’ de un redactor, para alejarlo, definitivamente, de la facultad creativa de un verdadero escritor como César Aira (con quien sostuvo una aguda y agria polémica), un autor capaz de despertar en sus lectores la emoción de la felicidad que se expresa mediante la risa.
Tal vez deba continuar con el segundo tomo de estas memorias para hallar alguna respuesta a otra incógnita, por qué Respiración artificial es considerada por muchos la mejor sobre la época de la dictadura.