Leo una Nación para el desierto argentino, de Tulio Halperín Donghi. Realizo algunas anotaciones: la élite revolucionaria, y la unitaria que la sucedió en el gobierno del país, eran iluministas y fracasaron en la organización del Estado. La Generación del ’37 esto lo ve claro y se coloca bajo el signo del romanticismo [siempre me falta saber qué es el romanticismo, no lo puedo asimilar]. No fallan las ideas de la Generación del ’37, sino el instrumento ejecutor.
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Diario de lectura (2)
Félix Frías (Buenos Aires, Argentina, 1816 — París, Francia, 1881)
Sigo con Una nación para el desierto… Halperín repasa el pensamiento de los líderes posteriores a Caseros. Son los ideólogos del futuro país, capaces de concebir el desarrollo de una nueva sociedad, sin reunirse por ello en un solo conjunto de ideas. Frías, por ejemplo, imagina el futuro desde el conservadurismo y el orden católico.
Otra alternativa para el desarrollo de la argentina moderna posterior a Rosas fue la propuesta por Juan Bautista Alberdi, expresada sobre todo en Las Bases.
Una buena ayuda memoria para el libro, es tener en cuenta que los subtítulos sintetizan bien el contenido de las ideas que el autor encontrará en los pensadores de aquella época. Por ejemplo, el subtítulo para Alberdi es: “El autoritarismo progresista de Juan Bautista Alberdi”, donde se presentan las ideas de monarquía disfrazada de presidencia y de tránsito de una república posible hacia la república verdadera. Aquí también entran en juego el papel que tendrán las inversiones extranjeras, la inmigración y la utilidad que tendrá la educación a la que han de ser sometidos los inmigrantes: alcanzar una feliz ignorancia. También plantea el papel que deberán jugar los intelectuales, no pueden ser sólo pensadores, tienen que pasar a la política.
Juan Bautista Alberdi publicaba a mediados de 1852 “Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina”.
Después de Alberdi llega Sarmiento, el subtítulo, para este caso es: “Progreso socio cultural como requisito del progreso económico”. Acá Halperín presenta cómo Sarmiento no confía en la experiencia francesa para construir el futuro, porque Sarmiento intuye en EE.UU. la sociedad del futuro. Se lo nombra a Tocqueville, el pensador sobre cómo relacionar la libertad y la igualdad en el siglo XIX. A Sarmiento no le interesa tanto este problema como el del desarrollo de una sociedad ligado al crecimiento del mercado interno. La peculiaridad económica de Estados Unidos, el crecimiento basado en la innovación, le resulta más interesante a Sarmiento que el estudio las particularidades histórico sociales de Norteamérica. El mercado nacional es la clave, y la palabra escrita es fundamental para una cosa: los carteles de avisos publicitarios. El desarrollo no se puede dar en islas, sino tener como escenario todo el territorio nacional.
Recuerdo haber leído este libro, recuerdo haberlo subrayado en fotocopias. Seguramente en la casa de mi vieja, entre las fotocopias que tengo, en algún lado debe estar. También recuerdo que fue en la Casa Juárez, en la pieza chica, en la que estaba Hernán. Seguro alguien ahí tenía computadora y la utilicé para hacer el tp, porque la lectura fue para un tp. Me pareció un libro difícil, en muchos tramos incomprensible, a lo que ayuda la prosa de Halperín. Ahora lo leo y lo entiendo mejor no sólo desde lo conceptual sino también desde lo estructural.
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Diario de lectura (3)
Bartolomé Mitre Martínez (Buenos Aires, 26 de junio de 1821 — Ib., 19 de enero de 1906)
Leí Una nación… la etapa dedicada a Mitre y el Partido de la libertad por él fundado. Un partido moderno, comienza la época de la lucha partidaria. Un comentario importante es acerca de lo difuso de la propuesta programática del partido de Mitre, que copiarán Irigoyen y Perón. Mitre dejará de tener un lugar destacado en la política argentina luego de su presidencia y de la guerra de la Triple Alianza.
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Diario de lectura (4)
José Rafael Hernández y Pueyrredón (10 de noviembre de 1834–21 de octubre de 1886)
El autor repasa el reacomodamiento del federalismo una vez que triunfa Buenos Aires. Aparece la cuestión del modo en que los federales, que siempre fueron antiporteños, deben adaptarse al nuevo clima de época a partir de 1862–63. José Hernández sigue este derrotero. Sarmiento al visitar como Presidente a Urquiza es una síntesis del momento.
Durante la década del ’60 se reformula el credo liberal, que abandona la tibieza por posturas más combativas, sobre todo, contra la Iglesia, ofensiva en la cual participa la Masonería. El nuevo liberalismo debe ser democrático, debe reemplazar las luchas facciosas por enfrentamientos institucionales, regulados por normas (Halperín presenta el asesinato de Urquiza y el acceso al poder de López Jordán como un ejemplo de las luchas facciosas que se niegan a morir). El representante de esta mirada política es José Hernández, a quien Halperín presta varias páginas para desarrollar su pensamiento. Para ello, Hernández cuenta, o cree contar, con un Estado nacional fuerte e imparcial, aún después de la tragedia que significó el asesinato de Urquiza.
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Diario de lectura (5)
Contra las ideas que promovían la colonización agrícola de la pampa bonaerense, triunfa a fines del siglo XIX la economía latifundista ligada a la ganadería vacuna
Terminé con Una nación… finalmente, el triunfo que ordenó la sociedad y la economía de la Argentina moderna correspondió a las ideologías alberdiana y mitrista, ideas que articularon de la mejor manera con las fuerzas imparables de la penetración capitalista, a las cuales no hay forma de gobernarlas bajo alguna propuesta cultural progresista como promovía Sarmiento.
Triunfa el latifundio ganadero (esto queda expuesto en los discursos en Chivilicoy de Mitre, -un presidente que se despide- y Sarmiento, un presidente que entra).
Hacia 1880 se abre una nueva perspectiva, no se ha creado una nación en el desierto argentino sino un Estado gobernado por una élite que lo ha usurpado y que no sabrá qué hacer con la democracia. Estrada propondrá el regreso al catolicismo y Fidel López el gobierno a las élites ilustradas. La república posible no pudo hacer realidad la convivencia entre libertad e igualdad.