Tan sólo hallé la tapera

Primera parte

Fundar, medir, trazar

La pampa bajo la lógica del capital

Hablaban de hacerse ricosCon campos en la fronteras—De sacarla más ajueraDonde había campos baldidos—Y llevar de los partidosGente que la defendiera.El Gaucho Martín Fierro, canto XII (1872)

Esta primera parte propone estudiar la fundación del Partido de Benito Juárez no como “el inicio de un pueblo”, sino como la culminación de un proceso de disciplinamiento del territorio y de los tiempos de vida. Un espacio cuadriculado y medido, calles con nombres que consagran un orden, una plaza como centro de la mirada estatal, una escuela que normaliza cuerpos e infancias, una comisaría que persigue la vagancia, una iglesia que sacramenta el orden, un ferrocarril que traza corredores de mercancías, y una inmigración que puebla para trabajar.

Porque detrás de cada traza de agrimensor, de cada manzana loteada, de cada alambrado levantado y de cada locomotora que silba en la llanura, subyace la historia de las violencias necesarias para que el capital y el Estado pudieran arraigar en la pampa.

Primera parte · Fundar, medir, trazar

XVI

Las dos caras de Jano

Guerra, comercio y expansión estatal

Clave de lectura

El norte y el sur no constituyen dos historias separadas. La guerra, el mercado y la expansión estatal forman parte de un mismo proceso de reorganización territorial.

La historia del Partido de Benito Juárez se inscribe en un proceso de larga duración: la formación del Estado nacional argentino mediante la expansión de sus fronteras, la apropiación de territorios y la instalación de un orden económico orientado hacia la exportación.

Ese proceso no avanzó sobre un espacio vacío. Reorganizó territorios ya habitados, alteró relaciones sociales y subordinó formas diversas de vida a nuevas exigencias políticas, jurídicas y económicas.

La figura de Jano ofrece una imagen para leer esa simultaneidad. Una cara mira hacia el norte, donde la Guerra de la Triple Alianza moviliza ejércitos, mercancías, créditos y lealtades políticas. La otra mira hacia el sur bonaerense, donde el Estado delimita partidos, afianza autoridades locales y crea condiciones para convertir la tierra en propiedad y mercancía. No se trata de afirmar que ambos procesos fueron idénticos ni de reducirlos a una causa única. La comparación resulta fecunda cuando permite observar las mediaciones que los unieron: el poder estatal, la violencia armada, las redes mitristas, la circulación comercial y las trayectorias de una misma familia.

El documento que permite aproximar esas dos caras es una extensa carta que Raymundo Roldán envió desde Corrientes a su hermano Mariano, quien se encontraba en la estancia El Porvenir. La carta está fechada el 21 de septiembre de 1866 y fue transcrita y publicada por Fernando Saúl Santa Cruz en Historia de mi pago chico. En sus páginas conviven las noticias familiares, la marcha de los negocios, los movimientos de los ejércitos, las opiniones sobre sus jefes y la expectativa ante el ataque inminente contra Curupaytí. No se trata, por lo tanto, de una crónica escrita después de la batalla, sino de un testimonio producido cuando su resultado todavía permanecía abierto.[19]

02

Curupaytí: la guerra como umbral

Después de la batalla de Curupaytí, pintura panorámica de Cándido López

Detalle interpretativo

El paisaje después de la batalla

La composición convierte el campo de muerte en una geografía extensa. Los cuerpos, el agua, el humo y la línea del horizonte forman parte de una misma superficie histórica.

Ilustración 1. Cándido López, Después de la batalla de Curupaytí, 22 de septiembre. Bajo el humo de Curupaytí se prefigura el alambre de la pampa bonaerense: el campo sembrado de cuerpos anuncia el avance del capital y del Estado, allí donde la muerte se convierte en preludio de alambrados, mercados y tierras parceladas.

Al contemplar el cuadro de Cándido López, Después de la batalla de Curupaytí, 22 de septiembre, la mirada se enfrenta con un paisaje que es, al mismo tiempo, campo de muerte y geografía de poder. Los cuerpos se confunden con el terreno; las trincheras y las baterías imponen una geometría militar sobre la naturaleza. La pintura representa el momento posterior a la derrota aliada. La carta que Santa Cruz recuperó había sido escrita apenas un día antes y anunciaba el ataque como un acontecimiento todavía futuro. Leídos en conjunto, los documentos permiten reconstruir dos tiempos sucesivos de una misma experiencia: la carta conserva las expectativas del 21 de septiembre; la pintura muestra el campo de batalla que esas expectativas no podían prever.

Esta proximidad cambia el valor de la carta. Raymundo no conoce todavía el resultado de Curupaytí. Ha recibido noticias de los movimientos aliados, de los bombardeos y de la fortificación paraguaya; interpreta esos indicios desde Corrientes y dentro de una red mercantil ligada a la marcha de los ejércitos. Su texto no anticipa el cuadro de Cándido López: conserva el horizonte de posibilidades que la batalla clausurará.

21 de septiembre de 1866: escribir antes de la derrota

La fecha permite ordenar el documento con precisión. Curuzú había sido tomada por las fuerzas aliadas el 2 de septiembre. El 12, Bartolomé Mitre y Francisco Solano López habían mantenido la entrevista de Yataytí Corá. Nueve días después, Raymundo escribía que las expectativas de paz se habían desvanecido y que se esperaba una pronta resolución por las armas. Al día siguiente, el asalto contra Curupaytí produciría una de las mayores derrotas de la alianza.

"De los acontecimientos de la guerra te diré que, según todas las probabilidades, pronto se verá el fin de este episodio sangriento y desolador. […] En estos días anteriores se creía mucho en la paz como resultado de la conferencia entre López y Mitre; pero hoy se encuentran desvanecidas esas esperanzas, y se cree en un desenlace pronto por medio de las armas, derramando nuevos torrentes de sangre."[20]

El pasaje combina sensibilidad ante la matanza y confianza en la victoria. Raymundo reconoce que el ataque exigirá un gran sacrificio, pero afirma que el resultado final no ofrece dudas. Esa seguridad no debe leerse como un simple error de cálculo individual. Expresa la información disponible, el clima político de los aliados y la posición del propio autor: un comerciante argentino que observa la guerra desde una ciudad convertida en retaguardia y mercado.

Como toda correspondencia privada, la carta no habla desde ninguna neutralidad exterior. Selecciona rumores, jerarquiza protagonistas y formula juicios. Raymundo califica a los soldados argentinos como "leones", atribuye la resistencia paraguaya al fanatismo, cuestiona a la escuadra imperial y procura justificar a Mitre frente a las críticas. Precisamente por eso el documento resulta valioso: no sólo informa sobre operaciones; permite reconstruir el lenguaje con el cual un contemporáneo cercano a las redes mitristas daba sentido a la guerra.

03

Dos hermanos, dos frentes

Sur bonaerenseMariano Roldán
Corrientes y ParaguayRaymundo Roldán

La carta publicada por Santa Cruz reúne en una misma fuente dos espacios que la historia suele estudiar por separado. Raymundo escribe desde Corrientes acerca de buques, tiendas, depósitos de aduana, ejércitos y baterías. Mariano recibe esas noticias en El Porvenir, en el sur bonaerense, donde desarrolla una actividad ganadera y participa del proceso político que culminará, en 1867, con la creación del Partido de Benito Juárez y con su designación como primer juez de paz.

El intercambio epistolar no coloca simplemente a un hermano en la guerra y al otro en la frontera. Raymundo pregunta por los campos, las vacas y las posibilidades comerciales de Mariano; informa sobre sus propios negocios y menciona a personas conocidas por ambos. La guerra ingresa así en la vida familiar mediante noticias, recomendaciones, expectativas y cálculos económicos. A la vez, El Porvenir aparece dentro de una red que excede la escala local y conecta la producción ganadera con Buenos Aires, Corrientes y los movimientos más amplios del comercio atlántico.

Esta simultaneidad no demuestra, por sí sola, que la campaña paraguaya y la fundación del partido respondieran a un plan único. Sí permite advertir que la expansión estatal se desplegaba en varios frentes y que una misma red familiar se vinculaba con ellos de modos diferentes. Raymundo procuraba transformar la movilidad militar en oportunidad mercantil. Mariano consolidaba su posición como propietario y mediador político en una frontera cuyo orden administrativo todavía estaba en formación.

Los negocios familiares, por lo tanto, no estaban encerrados en una economía puramente local. En la carta aparecen campos, ganado, dinero, sociedades mercantiles y proyectos que conectaban Buenos Aires, Europa, Estados Unidos, Corrientes y Paraguay. El Porvenir y el campamento no constituían mundos incomunicados: formaban parte de circuitos de información, crédito, parentesco y poder que atravesaban el territorio nacional en construcción.

04

La guerra como mercado

"El negocio que hemos hecho hasta hoy no ha sido malo, salvo ahora —es decir, de uno o dos meses a esta parte—, que está bastante paralizado, tanto por haberse aglomerado la plaza como por la escasez de dinero en los ejércitos."[21]

La observación contiene una economía política en miniatura. La llegada de comerciantes había saturado la plaza; la demanda militar no desaparecía, pero la falta de numerario impedía realizarla plenamente. Raymundo pensaba cargar los artículos en un buque y avanzar hacia Paraguay cuando fuera posible llegar a Asunción. En esa decisión se cruzaban el riesgo personal, la circulación fluvial y la expectativa de que el avance aliado abriera un mercado nuevo.

Milcíades Peña permite ampliar la escala de esa experiencia. En "Sangre, empréstitos y negociados" sostiene que la guerra produjo endeudamiento para el Estado argentino y, al mismo tiempo, oportunidades extraordinarias para sectores de la burguesía comercial y para los proveedores de los ejércitos. Los préstamos, el oro brasileño, las proveedurías y el abastecimiento militar impulsaron negocios privados dentro de un conflicto financiado con recursos públicos y deuda externa.

El testimonio de Raymundo no prueba que él perteneciera al núcleo de los grandes contratistas estudiados por Peña, ni autoriza a confundir una tienda correntina con los principales negociados de provisión. La correspondencia muestra, en otra escala, que la guerra había creado un espacio mercantil en el cual comerciantes de diferente magnitud buscaban colocar bienes, extender créditos y acompañar el desplazamiento de las tropas. La experiencia singular confirma el mecanismo general sin borrar las diferencias entre sus actores.[22]

Esta articulación permite evitar dos simplificaciones. La guerra no fue sólo un choque de ejércitos aislado de la economía; tampoco puede reducirse a un negocio sin atender a decisiones políticas, lealtades y experiencias concretas. Fue una relación social compleja en la que la destrucción, el endeudamiento y la acumulación podían producirse al mismo tiempo, aunque recayeran sobre sujetos distintos.

05

Ignacio Rivas: entre la guerra y los Roldán

La carta introduce a Ignacio Rivas en esa trama de manera directa. Raymundo afirma que el coronel hacía una "figura respetable" en el ejército, aunque recibía críticas por el desastre sufrido por su batallón el 24 de mayo. Defiende su reputación, atribuye parte de los cuestionamientos a la envidia que despertaban sus vínculos con el presidente y confía en que habrá de destacarse en los combates futuros. Escritas un día antes de Curupaytí, esas palabras adquieren una intensidad involuntaria: Rivas sería herido en el brazo durante el asalto y promovido a general en el campo de batalla.

"Hace algunos meses estuvo en esta ciudad, donde tuve el gusto de visitarle y fui objeto de sus finas atenciones. Poco después volví a verle en el Paso de la Patria […]. Con posterioridad, le dirigí una carta recomendando a mi socio, a lo cual me contestó de manera muy satisfactoria, deseándome el mejor éxito en mis negocios. En todo momento se mostró solícito en recordarte."[23]

El fragmento obliga a corregir una precaución anterior. Ya no estamos sólo ante dos trayectorias que coincidieron en el mismo período. La carta documenta un trato personal entre Raymundo y Rivas, una gestión vinculada con los negocios del primero y un conocimiento previo entre el militar y Mariano. No sabemos todavía cuándo ni en qué circunstancias se inició esa relación, qué alcance tuvo la recomendación ni si produjo beneficios concretos. El documento prueba la existencia del vínculo; no sus consecuencias.

La figura de Rivas reúne, además, escenarios que el libro interroga desde otros objetos y territorios. Antes de Paraguay había actuado en las guerras civiles y en la frontera; después participaría junto a Mitre en la revolución de 1874. Su trayectoria muestra que el Ejército nacional no se formó en una sola campaña: circuló entre la coerción sobre las provincias, la guerra exterior, la frontera indígena y las disputas facciosas. En esa movilidad, los vínculos personales podían acompañar tanto las carreras políticas como los negocios y las lealtades.

El capítulo XIV retomará esta relación a partir del sable que Ignacio Rivas obsequió a Mariano Roldán. La pieza permite seguir la perduración material de un vínculo que la carta documenta en 1866, aunque ninguna fuente autoriza a fechar el obsequio en ese año ni a identificarlo con la gestión comercial de Raymundo.

06

Del norte al sur

Las dos caras de Jano no designan una identidad completa entre Paraguay y la frontera bonaerense. Señalan una coyuntura en la que el Estado amplió su capacidad para movilizar hombres, contraer deuda, garantizar negocios, nombrar autoridades y reorganizar territorios. Cada escenario tuvo actores, conflictos y temporalidades propios; pero ambos formaron parte de la construcción de un orden nacional dirigido por fuerzas sociales concretas.

La fundación del Partido de Benito Juárez, formalizada poco más de un año después de la carta, deja de aparecer como un episodio exclusivamente administrativo. Mariano Roldán pasaría de propietario de frontera a autoridad estatal local. La ley, la mensura, el juzgado de paz, la policía rural y el alambrado contribuirían a fijar derechos, movimientos y jerarquías. La violencia no adoptaba allí la forma concentrada del campo de batalla, pero permanecía en la capacidad de decidir quién podía ocupar la tierra, circular por ella y trabajar bajo qué condiciones.

Raymundo y Mariano no representan dos historias paralelas. La carta muestra una familia distribuida entre campos y comercios, entre la frontera y el río, entre la autoridad local en formación y las redes militares del mitrismo. La pintura de Curupaytí, la correspondencia y los objetos conservados en Sol Argentino forman una constelación documental: no ofrecen una explicación por separado, pero juntas permiten reconocer las relaciones entre guerra, mercado, Estado y memoria.

Lectura abierta

Preguntas para continuar la lectura

Estas preguntas no cierran el capítulo: prolongan sus problemas más allá del texto.

  1. 01

    ¿Cómo modifica nuestra lectura de la fundación de Benito Juárez saber que, mientras Mariano Roldán consolidaba su posición en la frontera sur, Raymundo participaba de una economía de guerra y recurría a vínculos militares para sostener sus negocios?

  2. 02

    ¿Qué cambia en el significado del sable de Ignacio Rivas cuando se lo pone en relación con la carta del 21 de septiembre de 1866, y qué aspectos de ese vínculo permanecen todavía fuera del alcance de las fuentes?

Referencias

Notas del capítulo

  1. Santa Cruz, Fernando Saúl, Historia de mi pago chico, Buenos Aires, Dunken, 2017, págs. 41-46. Carta de Raymundo Roldán a Mariano Roldán, Corrientes, 21 de septiembre de 1866.

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  2. Santa Cruz, Fernando Saúl, Historia de mi pago chico, Buenos Aires, Dunken, 2017, págs. 41-46.

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  3. Santa Cruz, Fernando Saúl, Historia de mi pago chico, Buenos Aires, Dunken, 2017, págs. 41-46.

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  4. Peña, Milcíades, La era de Mitre. De Caseros a la Guerra de la Triple Infamia, 3.ª ed., Buenos Aires, Ediciones Fichas, 1975, págs. 95-97.

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  5. Santa Cruz, Fernando Saúl, Historia de mi pago chico, Buenos Aires, Dunken, 2017, págs. 41-46.

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La hipótesis del capítulo

El “progreso” local no puede separarse de las guerras, los cercamientos y las operaciones que hicieron posible la conversión del territorio en mercancía.

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