Segunda parte · Memorias desobedientes
V
El ciclo lanar
Y la explotación capitalista en San Antonio
La lana convirtió a San Antonio en una máquina de valorización: cercó el territorio, intensificó el trabajo y conectó la estancia con el mercado mundial.
La explotación capitalista en San Antonio
De los cercamientos al alambrado
Como sabemos, Karl Marx identificó en los cercamientos ingleses el acto fundacional de la acumulación originaria del capital: el despojo violento de los bienes comunes y la expulsión de los campesinos de la tierra, condición previa para transformar al trabajador libre en fuerza de trabajo disponible para el mercado. Este proceso, que desterritorializó a los sujetos y mercantilizó la tierra, encontró un eco tardío en las pampas: la campaña militar y el avance del alambrado sobre el espacio abierto implicaron el cierre de las comunas pastoriles indígenas y criollas, constituyendo un cercamiento adaptado a la frontera rioplatense.
La estancia San Antonio, vinculada formalmente con José Gerónimo Iraola, se inserta en esta transformación del espacio en mercancía y de la naturaleza en capital. La documentación disponible muestra su relación temprana con una extensión de doce leguas, aunque la cadena jurídica precisa de San Antonio continúa pendiente de comprobación archivística. La enfiteusis, las transferencias de derechos y las ventas de tierra pública constituyeron formas de cercamiento jurídico, complementadas luego por campañas militares que desplazaron poblaciones originarias y rurales y ampliaron las condiciones de explotación capitalista del territorio.[126]
Eric Hobsbawm caracteriza la era del imperio como un período de integración de las periferias al mercado mundial, bajo la hegemonía de potencias industriales que dictaron las pautas de producción y circulación de mercancías[127]. La lana rioplatense, exportada a Gran Bretaña, Francia, Bélgica y los Estados Unidos, formó parte de esa red de intercambio desigual donde las pampas se convirtieron en proveedoras de materia prima para los centros manufactureros del Atlántico Norte.
El ciclo lanar: trabajo, modernización y concentración
La caracterización que Roy Hora ofrece en su Historia económica de la Argentina en el siglo XIX[128]sobre el ciclo de la lana permite precisar la dimensión económica de la estancia San Antonio durante este período:
La estancia San Antonio, bajo la administración Iraola, representa en este ciclo lanar un nodo periférico del capitalismo global, donde el despojo inicial mediante la enfiteusis se transforma en renta de la tierra, el trabajo intensivo de peones y esquiladoras en plusvalor, y la exportación de lana en divisas que consolidan las fortunas urbanas. El "poblamiento" que reporta Iraola al gobierno de Buenos Aires en 1860 se reduce a unas pocas construcciones, escaso personal y una presencia intermitente, reflejando que "poblar" no implicaba la producción de comunidad sino el aseguramiento del espacio para su explotación.
El ciclo lanar como máquina de acumulación: imágenes de trabajo y valorización en San Antonio
Las tres imágenes que conservamos de la estancia San Antonio en pleno ciclo lanar son, más que registros de faena rural, una condensación visual de la transformación estructural de la pampa húmeda en el siglo XIX. Estas fotografías, tomadas a fines del siglo XIX, deben leerse en clave de lo que Eric Hobsbawm denominó la era del imperio, donde los flujos de capital global penetraron las economías periféricas, reconfigurando los territorios en función de las demandas de los mercados británicos, mientras que, como señaló Karl Marx en el capítulo sobre los cercamientos, la tierra pasaba de ser un común social a ser una mercancía, imponiendo el trabajo asalariado y la disciplina del capital sobre el campo abierto.
En esta coordenada conceptual se ubica la interpretación de Roy Hora: la lana se convirtió en el primer producto de exportación de la economía argentina moderna, central en la formación del capitalismo agrario local. Como él detalla, entre 1850 y 1870 las exportaciones de lana crecieron explosivamente, y hacia 1880 Argentina se consolidaba como uno de los principales exportadores mundiales de lana sucia y lavada, desplazando gradualmente a la carne salada como producto de exportación predominante. Este auge, que permitió la formación de grandes fortunas estancieras, se sostuvo en dos condiciones: la expansión del mercado mundial (con el Reino Unido como principal comprador de lana fina para su industria textil) y la disponibilidad de mano de obra rural barata y disciplinada, en un territorio previamente cercado y despejado de resistencias indígenas.
El trabajo como engranaje de valorización
En la primera imagen, observamos las instalaciones rústicas, pero funcionales, preparadas para la esquila y el manejo de la majada en San Antonio. Los corrales de madera, el espacio abierto con la laguna de fondo, y la presencia de peones y capataces al pie de la escalera elevada revelan la organización espacial de la estancia en tiempos de esquila: el ciclo de la lana requería la esquila en masa de miles de ovejas, proceso que, como señala Hora, implicaba la contratación de grandes contingentes de esquiladores temporarios, conocidos por su movilidad y por las tensiones que generaban con el patrón, ante el reclamo de mejores condiciones de pago y comida durante la temporada.
Estancia San Antonio · 1881 · Francisco AyerzaCadena de valorización
La esquila
La escala de los corrales y la concentración de personas revelan una faena estacional que necesitaba numerosos esquiladores, peones y capataces.
Ilustración 47 Estancia ‘San Antonio’. La esquila (1881). Leyenda detrás de la foto: De Pie: Enrique Gandarias capataz, Didier, Ríos, C Gandarias, Sentados: Gandarias y T. Millara. Foto: Francisco Ayerza.
La escalera elevada, desde donde se cargan los fardos de lana en las carretas, materializa la articulación entre el trabajo manual y la logística del transporte. Allí, la lana, una vez empacada en grandes lienzos, se cargaba sobre carretas tiradas por bueyes o caballos que se dirigían hacia la estación ferroviaria, donde el producto se incorporaba a las cadenas de exportación globales. El trabajo del peón rural, frecuentemente mestizo o inmigrante reciente, quedaba así subsumido en la cadena de valorización capitalista que comenzaba en el trabajo de esquila y culminaba en las hilanderías de Manchester o Liverpool.
La higiene de la lana como proceso de valorización
La segunda imagen, que muestra las piletas de baño de ovejas, ilustra otro momento clave del ciclo lanar. Como indica Roy Hora, hacia 1860 comenzaron a construirse instalaciones de lavado en las estancias, destinadas a incrementar el valor de la lana en el mercado exportador[129]. La lana sucia perdía valor, y el lavado previo a la exportación se convirtió en un requisito de mercado. Las instalaciones de baño de ovejas en San Antonio formaban parte de esa transformación técnica de la estancia en empresa capitalista, con infraestructura orientada a maximizar las ganancias, reducir el peso de impurezas y aumentar el precio de venta en el mercado internacional.
Estancia San Antonio · 1881 · Francisco AyerzaCadena de valorización
El baño de las ovejas
Los peones dirigen el flujo de la majada con garrochas. La imagen permite reconocer el esfuerzo y la coordinación que el producto terminado oculta.
Ilustración 48 Estancia ‘San Antonio’. El baño de las ovejas (1881). Foto: Francisco Ayerza.
El proceso de baño obligaba a arriar las majadas hacia las piletas, donde los animales eran sumergidos y enjuagados, tarea que requería una coordinación precisa y el empleo de peones que dirigían con garrochas a las ovejas, garantizando un flujo constante y evitando la pérdida de animales. Aquí también se hace evidente el espacio abstracto de David Harvey: la estancia se transforma en una fábrica a cielo abierto, donde cada metro cuadrado se organiza en función de la rentabilidad, y cada peón deviene en pieza de una maquinaria de producción global.
Transporte y circulación de la riqueza
La tercera imagen muestra una carreta cargada de fardos de lana, lista para iniciar su camino hacia la estación de ferrocarril. Este elemento es fundamental en la historia económica de la Argentina y en nuestra narrativa del sudeste bonaerense: sin transporte, la lana no podía cumplir su ciclo de valorización. La carreta, lenta pero resistente, era el eslabón inicial de la cadena logística, que a partir de 1880 se vio acelerada y transformada con la llegada del ferrocarril, tema que ya hemos trabajado en capítulos anteriores. La imagen de la carreta cargada hasta lo imposible, con el peón montado en la cima de los bultos, simboliza la integración de la estancia a la economía global, en una economía de exportación que articulaba los campos de San Antonio con los puertos de Buenos Aires y, de allí, con los mercados textiles europeos[130].
Estancia San Antonio · 1881 · Francisco AyerzaCadena de valorización
La carreta
El conductor aparece sobre una carga que excede su escala. Su cuerpo y la fuerza de los animales sostienen el primer tramo de la circulación.
Ilustración 49 Estancia ‘San Antonio’. Transporte de mercancías. La Carreta (1881). Foto: Francisco Ayerza.
Conclusión: San Antonio en el engranaje del capital
Estas imágenes de San Antonio no son meras postales de la vida rural: son testimonios visuales de cómo la estancia se convirtió en una unidad de valorización capitalista, articulada al mercado mundial, con el peón rural como figura esencial de esta transformación. El ciclo lanar no se limitó a un cambio en la producción; implicó la imposición de nuevas formas de disciplina del tiempo (la temporalidad de la esquila, el calendario exportador) y del espacio (cercamientos, división de potreros, infraestructura de baño y esquila), elementos sin los cuales la lana argentina no hubiera podido competir en el mercado mundial.
En este sentido, la historia de la estancia San Antonio y su participación en el ciclo lanar constituye un ejemplo preciso de cómo los cercamientos y las transformaciones productivas analizadas por Marx, y la inserción en el mercado mundial descripta por Hobsbawm y Hora, se materializaron en el sudeste bonaerense. San Antonio deja de ser un paraje aislado para convertirse en una máquina de extracción de plusvalor, donde cada oveja esquilada y cada fardo de lana cargado en la carreta son la cristalización de relaciones de poder, de transformaciones técnicas y de la subordinación del trabajo y del territorio a las demandas de la acumulación capitalista.
Preguntas para continuar la lectura
Estas preguntas no cierran el capítulo: prolongan sus problemas más allá del texto.
- 01
¿Cómo conectó el ciclo lanar de San Antonio el trabajo realizado en la estancia con mercados, capitales y demandas situadas mucho más allá de Benito Juárez?
- 02
¿Qué muestran las fotografías del trabajo rural y qué relaciones de explotación, dependencia y desigualdad permanecen fuera del encuadre?
Notas del capítulo
La Gaceta Mercantil publicó en 1838 y 1839 nóminas en las que José Gerónimo Iraola aparece asociado a doce leguas. Esas menciones prueban su intervención en el régimen de tierras, pero, sin la mensura y el expediente correspondientes, no permiten identificar por sí solas esas doce leguas con San Antonio ni reconstruir toda la cadena de tenencia.
Volver al texto ↑(Hobsbawm, 2009, págs. 42-65 Cap. II La economía cambia de ritmo)
Volver al texto ↑(Hora, Historia económica de la Argentina en el siglo XIX, 2012, págs. 95-126 Cap. IV La era de la lana)
Volver al texto ↑(Íbid. Pág. 103-111)
Volver al texto ↑(Íbid. Pág. 111-117)
Volver al texto ↑
La modernización lanar no fue un progreso técnico neutral: transformó el despojo territorial en renta, el trabajo rural en plusvalor y la producción de San Antonio en mercancía para el mercado mundial.